Domingo, 5 de la tarde, quizá un poco antes, tal vez las cuatro, es dificil saberlo durante el fin de semana, cuando no llevas reloj, y solo te orientas por la luz del sol, y el hambre.
En el Burger King, (sorprendentemente, las hamburguesas son mejores que las del Mac, los Chiken Tender mejores que los Nugets, y además tienen besitos de queso), vestida de noche. Atractiva, despeinada, sin pintar, pero un inconfundible aspecto de haber salido por la noche, y no haber vuelto aún a casa. Una hamburgesa, patatas, cocacola, y a su aire, se sento en la mesa más escondida.
No pude imaginarle una historia, se trataba de un personaje fuera de lugar, en un lugar donde solo hay adolescentes e inmigrantes. Daba sensación de estar de vuelta, me llamó la atención su soledad, y el hecho de que tarareara y bailara levemente las canciones de Carlinhos Brown, aparentando alegría donde ciertamente no la había. Sensación de vacío, de estar allí, sola, sin quererlo. Estaba solo por hambre, mientras que, según la historia que imaginé, su lugar estaba junto a la persona con la que había pasado la noche, y a la que no pensaba volver a ver, ni a llamar, quizá olvidó preguntarle el nombre. Si lo hubiera hecho, estaría devorando allí, un Whoper, y quizá compartiendo unos besos, esta vez, de queso.